PRESENTACION DEL BLOG

"A orillas del caudaloso Tajo y a pocas leguas de la capital de España, existe un precioso pueblo que bendice y obsequia la naturaleza; un pintoresco pueblo rodeado de jardines, lleno de perfumes y animado por el canto de incontables pajarillos; un poético pueblo que se esconde bajo las frondosas ramas de los corpulentos álamos y gigantescos plátanos; este pueblo se llama Aranjuez"


1 ago 2010

FUENTE DE VENUS



Se encuentra situada en el Jardín de la Isla.
Parece ser que ésta fuente fué traída desde Florencia en el año 1571 por don García de Toledo (Marqués de Villafranca). En Alicante desembarcaron las 40 piezas de mármol que correspondían a los diversos elementos de que se componía la fuente, además de la figura en bronce que representa a una mujer secándose el pelo.
La fuente fué construída en la villa de los Bagni di Lucca, junto a Massa y Carrara, por Francisco “Moschilo” , cuyos trabajos comenzó en el año 1569.







Originalmente, la fuente constaba de una serie de gradas, y en su pedestal ochabado aparecían las figuras de cuatro muchachos con aves en la mano. Estas figuras no se conservan en la actualidad. Sus distintas tazas, la superior veteada posiblemente “mischio”, aparecían coronadas por la figura de bronce de una mujer secándose los cabellos, descripción que conviene perfectamente a la Venus que aún se conserva.



27 jul 2010

LA CAZA Y LA PESCA EN EL REAL SITIO

La abundancia de caza era uno de los principales atractivos que el Real Sitio de Aranjuez tuvo para los monarcas, aficionados todos ellos a la práctica de esta actividad. Desde la época de Felipe V son abundantes los testimonios que nos cuentan cómo los ciervos se acercan a las puertas de las casas, como si de animales domésticos se tratara.


Charles Rouvray, duque de Saint Simon, es sus narraciones sobre el viaje que realiza en España a la Corte de Felipe V, nos cuenta su asombro cuando, en Aranjuez, vio cómo un criado, subido sobre una especie de vela de madera con una puerta, se puso a silbar y al momento «la pequeña plaza se llenó de jabalíes y de jabalinas de todos los tamaños entre los que había varios muy grandes y de un grosor extraordinario. Ese criado les arrojó mucho grano en distintas ocasiones, que esos animales comieron con gran voracidad, a menudo gruñendo, y los más fuertes se hacían ceder el sitio por los otros, y los jabalíes más jóvenes, retirados a los bordes, no osaban aproximarse hasta que los más grandes se hubieran hartado».


Esta cercanía de las bestias, que asombra y divierte al francés, no es sino la permanencia de una costumbre de los Austrias que se mostró también en el palacio del Buen Retiro, donde la Casa de Fieras estaba muy cercana al palacio. Aranjuez no se privó tampoco de su Casa de Fieras, por llamarse así el lugar donde vivían animales traídos de países exóticos. De su existencia, el mismo Saint Simon nos da noticia, aunque esta vez no está junto a la casa real, sino a orillas del Mar de Ontígola, ni tampoco encierra en jaulas a sus inquilinos. A Saint Simon le llamaron la atención los camellos y los búfalos, pero también había cebras, guanacos y un elefante, todos sueltos, sin miedo a que se escaparan de aquella especie de oasis donde vivían felizmente, porque fuera del vergel estaban las arenas áridas -y con un alto grado de salinidad- de las colinas.


Joseph Baretti, que vino a visitarnos ya en el reinado de Carlos III, repite más o menos estas mismas anécdotas. Dice que en España los jabalíes no son tan salvajes como en el resto del mundo, que se han habituado a las gentes y que acuden a determinadas horas a lugares concretos respondiendo a la llamada de sus cuidadores. Cree necesaria esta explicación a la hora de contar cómo, en los plantíos de los árboles pequeños que había entre las grandes avenidas de árboles gigantes, paseaban en libertad «ciervos y jabalíes, junto con innumerables liebres, conejos, faisanes, perdices y numerosas especies de pájaros»


De esas «numerosas especies de pájaros» que Baretti no entra a describir, nos ilustra John Talbot Dillon, el cual, tras el viaje que realizó a Aranjuez en 1778 aseguró que a últimos de abril se oían los trinos del cuco y el ruiseñor, y que él vio abejarucos, oropéndolas, y uno al que llamaban pito, que era morado y del tamaño de un cuco.


Este mismo afán de los reyes por la caza y por la propia presencia de los animales en libertad, favoreció la cría de otros animales, y así en los sotos se encontraban piaras de yeguas para la cría de caballos de montar, y, según asegura Ponz también


Felipe V e Isabel de Farnesio solían salir a cazar a caballo diariamente, después de haber despachado los asuntos de estado y no volvían hasta que se ponía el sol. Igual hacían por su parte el Príncipe de Asturias y sus hermanos pequeños. En el centro del mar de Ontígola, ya en época de los Austrias, se había levantado un pabellón de caza para que Felipe IV pudiera disparar a los animales que se acercaban a la orilla hostigados por los monteros. Y si bien en la época de los Borbones el lago ya no se utilizaba sino para los paseos en las góndolas pequeñas, esta costumbre de cazar desde el agua la adoptó también la nueva dinastía de los Borbones que, a menudo, en los paseos sobre el Tajo en las barcas reales, disparaban también a la orilla, donde los perros y los criados habían acorralado a los bichos. Y en el mismo Ontígola, aquella especie de laguna o embalse cerca del cual se encontraba el cementerio en que se enterraba a los que morían durante su estancia en el Real Sitio, se celebraban también corridas acuáticas enfrentándose los cortesanos a los toros desde las barcas.





Igualmente, la pesca se disfrutaba apaciblemente desde las propias naves pequeñas del lago, para lo que se mantenía permanentemente una abigarrada población de peces en sus aguas. También se pescaba desde las galerías del Tajo, que eran unos pequeños entrantes en el río, construidas ya en época de Felipe III y que procuraban espacios cómodos y agradables, no sólo para pescar, sino simplemente para descansar viendo el correr del agua.

25 jul 2010

SIERRA DE AGUA

Como consecuencia de la gran cantidad de madera que se trajo a Aranjuez para ser empleada en la construcción de los primeros grandes edificios (incluído Palacio) destinados al albergue de la Corte y sus sirvientes, fue necesario la construcción de una serrería. Fue así como en el año 1588 se procedió a su construcción en el solar que posteriormente ocuparían las casas del Principe de la Paz y el Duque de Osuna, justo en el lugar donde hace escuadra el caz de Sotomayor (canal de las Aves) .

 Es de destacar el sistema de funcionamiento de ésta sierra, hidraulica, que aprovechaba las aguas del Caz de Sotomayor para su accionamiento. Aunque no se nos ofrece ninguna descripción de las características técnicas de dichas instalaciones al menos nos permiten comprender el ámbito en el que se produjo la implantación y evolución de lo que sería una nueva industria, pues las serrerías desde un principio estuvieron ligadas a los molinos.
En el caso de las serrerías, el agua que allí llegaba hacía girar un rodete vertical de hierro, como en los batanes, que transmitía la fuerza a un eje que hacía subir y bajar la cinta de la sierra, mientras que hacía avanzar un carro de madera donde estaba colocado el tronco. El espesor del corte se regulaba girando una manivela. Con esta operación se transformaba la madera de los árboles en tablones aptos para los usos a los que estaban destinados, ya fuera para la construcción y muebles (andamios, cubiertas de tejado, escaleras, puertas, mesas, etc.), así también como para todos los útiles agrícolas que se utilizaban (mangos de herramientas, carros, etc.). Estas sierras se llamaban también verticales, pues el movimiento que producían era de arriba a abajo.

Según nos relata Alvarez de Quindós:
  “ Esta de Aranjuez se incendió la primavera de 1675 y otras varias veces, y se reparó otras tantas, y la última fue el año de 1750. El de 1761 se derribó para hacer allí habitaciones, que después sirviéron a los Capellanes de la Capilla Real y a otros criados, hasta que se vendiéron al Duque de Osuna y al Marqués de Llano.” 


Me inclino a pensar de que ésta serrería fue la primera que se construyó en Aranjuez, pues no existen datos de ninguna otra anterior. En la imagen inferior aparece el molino pintado por Brambilla a partir de 1826 frente a Palacio, en la zona donde más adelante se construiría el Molino Inglés