PRESENTACION DEL BLOG

"A orillas del caudaloso Tajo y a pocas leguas de la capital de España, existe un precioso pueblo que bendice y obsequia la naturaleza; un pintoresco pueblo rodeado de jardines, lleno de perfumes y animado por el canto de incontables pajarillos; un poético pueblo que se esconde bajo las frondosas ramas de los corpulentos álamos y gigantescos plátanos; este pueblo se llama Aranjuez"


20 dic. 2012

LA FLOTA DEL TAJO

Para la distracción real se draga el Tajo y construye un embarcadero alejado algunos kilómetros cauce arriba del palacio, para que pueda descender la que Farinelli llama «flota del Tajo». En ella embarca la corte al atardecer, para regresar al embarcadero de palacio ya de noche, iluminados por miles de luces que se van encendiendo al paso de las naves por toda la ribera.


      Del diseño de los barcos se ocupó Farinelli con sumo esmero. Eran quince, cinco grandes, ocho botes de remos y dos más, uno con forma de venado y el otro de pavo real.  La Real, en ella se embarcan exclusivamente los reyes, un reducidísimo séquito, la tripulación y «ocho músicos, y don Carlos Farinelli, familiar de Sus Majestades».
La deslumbrante embarcación, concebida por Farinelli es «de nueva idea, hasta ahora no construida semejante». Para no turbar el silencio en los momentos cumbres, no utiliza sus veinte remos, y es remolcada por una barca, y otras dos que sirven también para llevar las órdenes a las restantes embarcaciones, en que se apiña la corte en sólo tres, pues en la más hermosa, llamada Falúa de Respeto: «no embarca en nadie de la Corte y únicamente sirve para ir de respeto, y para la diversión de SS. MM., que la hacen pasar en muchas ocasiones por delante de la Real, para observar su ligereza, que es grande». «Los botes en forma de venado y de pavo real iban a los lados de la Real.» Los paseos fluviales se inician en 1752 y dan una idea clara de en qué consistía el máximo deleite de la corte de Fernando VI. Duraban unas tres horas, recorriendo, río abajo, -cuatro millas, desde el embarcadero del Sotillo hasta el del Puente de la Reina». Al embarcar y desembarcar sus Majestades, vitoreaba la multitud de espectadores siempre presente, y disparaba salvas la artillería de las naves y de los embarcaderos. Durante el trayecto se organizaba en ciertos puntos una cacería: « prevenidas las redes para que SS.MM. lograsen la diversión de la caza, tirando primero la Reina, y siguiendo el Rey ».


      Lo más notable era, sin embargo, el concierto fluvial y espectáculo nocturno: “en las embarcaciones se servía un espléndido refresco dispuesto por la Casa del Rey”. «Al anochecer se iluminaban los jardines, las orillas del río y las embarcaciones. En medio de la oscuridad de la noche se distinguían vistosamente con innumerables faroles, los palos, vergas, antenas y jarcias de las embarcaciones, sobresaliendo notablemente, con arañas de cristal y varias luces sueltas, la Real y la Falúa de Respeto, de modo que todo el conjunto, con los varios reflejos que causaba en el agua, forjaba el más bello objeto que pueda recrear la vista.»

"Al embarcar y desembarcar sus Majestades, vitoreaba la multitud de espectadores siempre presente"
Entonces, si no hacía viento, venía el momento supremo. Se dejaba de remar, los botes ayudaban a inmovilizar la nave, y cantaba don Carlos. «Al anochecer cantó don Carlos Farinello dos arias, acompañando el Rey con el clave a la primera, y a la segunda la Reina.» Otro día «cantó un dúo con la Reina», y otro día memorable: « por estar bella la noche sin la humedad de otras don Carlos cantó por tres veces ».

Para el perfecto funcionamiento de la real escuadra se dispuso de una tripulación de gentes de mar traídas del Departamento Marítimo de Cartagena. Los barcos se movían por medio de las órdenes transmitidas por un sistema de banderas y señales luminosas. Un embarcadero real servía de puente. Construído en el lugar del Sotillo, tenía cercanos un arsenal y atarazanas para la reparación de los navíos, un almacén para guardar los pertrechos y un cuartel para la marinería.
Esto contaba un texto de princípios del siglo XIX con motivo del santo del rey en 1752:
 “Se habían construído aquí una fragata de remos y dos xabeques -embarcación de tres palos, con velas latinas, que también suele navegar a remo- , que se aparejaron, pertrecharon y equiparon con la mayor propiedad, habiéndose traído de Cartagena la marinería necesaria para sus maniobras y para el uso de la artillería que montaban, y consistía en diez y seis cañones la fragata, y en doce cada uno de los xabeques, todos de bronce. Se puso a la fragata el nombre de San Fernando y Santa Bárbara    -por los reyes-.

"Para su construccion y conservacion se ha hecho en el soto del Rebollo, frente del jardin del Príncipe, una casa grande con astillero, y todos los talleres y almacenes necesarios"
Tenía su costado dorado de popa a proa, y tres cofas de mayor, trinquete y mesana, empavesadas con rica tela de oro, guarnecida con galón y fleco de plata; así como la carroza del alcázar, cuyos adornos y otros jaeces la hacían sumamente vistosa. Correspondían con igual primor los de los xabeques, que se distinguían el primero con el nombre de Orfeo, y el segundo con el de Tajo, y las respectivas insignias de la alusión de uno y otros. Las tripulaciones de todas vestidas
según su profesión, con tanto gusto como magnificencia, daban el último realce al lucimiento de la escuadra. Estas tres embarcaciones se situaron el citado día 30 -día de San Fernando- a las seis de la mañana en el río Tajo, y para que las pudiese descubrir el rey, luego que se asomase a los balcones de su palacio…” La escuadra musical del Tajo recorría seis kilómetros y paraba en las orillas, donde los reyes ofrecían meriendas y cacerías en los jardines de Aranjuez, y todo ello acompañado de un espectáculo musical con los barcos y la ribera del río iluminados. Aquellos días se hicieron famosos en todas las cortes de Eupopa.


Alvarez de Quindós nos hace la siguiente descripción:
  "  En el rio Tajo dispuso S. M. (que Dios guarde), desde el año de 1772 , unas falúas y barcos pequeños bellamente ejecutados, y adornados para embarcarse en ellas, haciendo  venir de Cartagena un maestro constructor, carpinteros de ribera, calafates y Operarios, y todas las cuerdas, aparejos y demas necesario; y asimismo maestre, contramaestre y marineros que dirigiesen las maniobras en el agua, y banderas para su empavesado. En el pabellon que habia en el sotillo, que hoy es jardin del Príncipe, desde el tiempo del Señor Don Fernando VI se arreglo un muelle para embarcadero de S M de este principio, y siguiendo el Rey con este particular gusto , se ha aumentado el muelle, y hecho de cantería bastante capaz, con baterías á uno y otro lado de cañones de á 12 y de á 4, estacada á la parte del jardin, y dentro de ella el quartel para los artilleros de tierra que las sirven.


Las embarcaciones se han hecho mayores; de forma que hoy hay una esquadra compuesta de tres fragatas, dos bergantines y otros buques menores, con sus árboles, cofas y demás partes, que aunque no tienen la magnitud de los que surcan los mares, he oido á algunos marinos que podria hacerse en ellos qualesquiera viage á la América. Para su construcción y conservación se ha hecho en el soto del Rebollo, frente del jardin del Príncipe, una casa grande con astillero, y todos los talleres y almacenes necesarios, habitaciones para los empleados, y resguardar en los inviernos las embarcaciones; continuando el venir de Cartagena todos los años los operarios y marineros precisos. Delante del embarcadero se forman estos buques los dias de gran gala, y á presencia de S. M. hacen saludos los marineros,  primero á la señal del pito, diciendo VIVA EL REY, y despues con la artillería. que montan de cañones pedreros , á que responde la de las baterías; de forma , que con el lucimiento de las embarcaciones empavesadas, y llenas de banderolas y gallardetes y hacen la vista mas agradable, y es particular diversión de S. M., y grande el concurso de gentes que acude á verlas.
  Mas arriba del embarcadero, en la punta que forma el rio, se empezo un castillo todo de piedra de Colmenar, por direccion del Ingeniero Don Domingo Aguirre , y no se ha concluido."

"Duraban unas tres horas, recorriendo, río abajo, -cuatro millas, desde el embarcadero del Sotillo hasta el del Puente de la Reina"

- (Locos egregios. J. Antonio Vallejo Nájera. Planeta Agostini. Memorias de la historia. Barcelona, 1996, p. 99-112)
- amigosgregoriano.blogspot.com.es
- Fiesta, Poder y arquitectura. Antonio Bonet Correa.
- Descripción del Bosque de Aranjuez. Alvarez de Quindós

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